De todos los derechos de la mujer, el más grande es el de ser madre.

Dejar llorar o no, el gran dilema

12.01.2014 23:11

Dejar llorar al bebé para que se duerma solo o no, es el gran dilema que nos planteamos  casi todos los padres cuando tenemos a nuestro pequeño en brazos y llega la hora de dormir. Hay dos opiniones contrapuestas de expertos profesionales. Por un lado está la del prestigioso pediatra, Carlos González, autor de libros best seller, entre otros, “Bésame mucho”, que defiende a ultranza que nunca debemos dejar llorar a un niño, bajo ningún concepto. Por el contrario, se encuentra el también popular Eduard Estivill, que puso de manifiesto un método (cuyo nombre lleva su apellido) que aseguraba que el niño dormiría bien durante el resto de su vida en su libro “Duérmete niño”. Éste último mantiene que se debe dejar llorar al niño siguiendo una serie de pautas y tiempos para que el bebé en cuestión “aprenda a conciliar el sueño”.

En mi opinión, no estoy de acuerdo con ninguna de estas corrientes (denominémoslo así) “pediátricas conciliadoras del sueño”. Es cierto que es doloroso, difícil, complicado y un cien mil adjetivos más dejar llorar a tu hijo. Pero también es cierto que no puedes tener a tu bebé todo el día en brazos porque literalmente “una madre no tendría vida”.

Yo lo viví en mis propias carnes. Mi primogénita nació llorando, claro como todos los bebés, me diréis. Sí, pero lo tomó como hábito porque de las 24 horas que tiene el día, cuando no estaba durmiendo estaba llorando. Estaba dormida, se despertaba, lloraba, la ponía al pecho, se consolaba, se calmaba, la cambiaba, la vestía, la echaba al capazo y…….buahhhh¡¡¡¡ otra vez comenzaba a llorar. Una y otra vez el mismo proceso día y noche, y digo bien, también noche. Pues a las tres de la madrugada después de que se quedara dormida en mi regazo dándole el pecho, muy sigilosa yo, la intentaba echar en el capazo y ¡chasss! por arte de magia se volvía a despertar. ¿Pero cómo podía ocurrir si estaba completamente dormida?. Y aquí diría mi gran amigo Carlos González “cójala en brazos, los niños necesitan sentir el calor de sus madres”. Sí, de acuerdo, pero ¿cómo demonios voy a poder ducharme, vestirme, dormir…(una necesidad básica del ser humano) si tengo todo el santo día a mi hija en brazos?. Así que sintiéndolo mucho tuve que dejar llorar más de una vez a mi niña si quería ser persona.

La hora del sueño seguía siendo complicada, porque sabía que mi pequeña quería dormir pero  echarla a la cuna era una odisea. Y tampoco estábamos de acuerdo su padre y yo con el método Estivill aplicárselo a un bebé de tan solo unos días, o incluso meses. Al principio realmente no sabes qué le pasa a tu niña tan pequeña. Si llora porque tiene sueño, porque tiene frío, calor, hambre. Cuando ya vas conociendo a tu bebé y ves que tiene todas las necesidades cubiertas, te preguntas: ¿por qué llora ahora?.  Pero tampoco creo que un bebé de tan solo unos meses pueda aprender a conciliar el sueño por sí solo. Así que durante los primeros meses de vida de nuestra pequeña nos alternábamos su padre y yo para dormirla. Uno de los métodos del padre de la criatura era echarla en el capazo y balancearla al unísono haciendo sentadillas viendo una película o escuchando un audiolibro. Así siempre se quedaba dormida en el capazo. Creo que no llegamos a utilizar la minicuna más de una o dos veces.

Cuando la pasamos a la cuna, claro ya no la podíamos balancear, así que decidimos grabar sonidos del agua y de la naturaleza, que eso parecía que le calmaba un poco. Y así pasó y pasamos su primer año de vida y nuestro primer año como padres primerizos, durmiendo pocas horas y reinventando métodos para dormir a nuestra bebé sin tener que dejarla llorar mucho.

Pero llegó el momento de tomar cartas en el asunto y buscar una solución.  Por lo que me leí y releí “Duérmete niño” de Estivill y pusimos en práctica su método. Los primeros días fueron un tanto duros pues no dejaba de llorar y llorar. Al final se quedaba dormida, claro también del sofocón. Y después de unos días, fue “mano de santo”, dejarla en su cuna, darle un beso de buenas noches y no tener niña hasta la mañana siguiente. ¡No me lo podía creer!. ¡Por fin volvíamos a tener vida! y lo que es mejor ¡noche!. Mi niña desde aquel momento y hasta hoy puedo decir que duerme “a pierna suelta” y sin ningún tipo de problemas.

En definitiva, creo que debemos recurrir a un punto intermedio. No debemos dejar llorar un bebé tan pequeño porque realmente él mismo no puede dormirse solo, pero con una cierta edad que ya va comprendiendo más las cosas, sí podemos hacerle entender que tiene que dormir tranquilo él solito en su cuna. Eso sí siempre dándoles mucho cariño y amor, y sobre todo, “besándolos siempre mucho”.